fuerza de voluntad

Desde mi ventana veo un parque y la falda del monte Naranco en Oviedo, una hermosa vista para cuando me pongo a escribir o buscar información sobre la EC y me canso. Ese parque sin concluir aún tiene una pista de hormigón y asfalto que inicialmente suponía un recorrido ovalado de un kilómetro, ideal para paseos, y es normal ver a gente corriendo (yo mismo alguna vez lo hice, alguna) dos vecinos, varios asiduos que todos conocemos por su regularidad y desde hace unos meses un padre y su hija. Él ya entrado en años, jubilado, camina despacio, siempre atento a su hija, saluda siempre y pese a que no tiene una gran conversación es amable. Su hija es disminuida psíquica, con sobrepeso, pero llega al parque, se prepara y comienza a correr , lento, enseguida se agota, se la oye respirar mal, algún día se retiró lastimada, pero lleva meses así, esforzándose, sabiendo que sus problemas de salud no se van a solucionar con ese ejercicio, pero su empeño por llevar a cabo esa tarea le gratifica, y se ha ganado el respeto y cariño de todos los vecinos de la zona, incluso consigue que al verla uno piense en si mismo y se avergüence en ocasiones de lo quejica que es, de lo mucho que le pide a la vida y lo poco que está dispuesto a darle, de lo cómodos y egoístas que somos en ocasiones…y de paso me entra la vergüenza ajena.

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